Abrí la caja.
Elegí un rival.
Transferile toda esa ansiedad mundialista que venías manejando bastante mal.
Ponele nombre. Ponele intención. Ponele una gota de Sh!.
Después mirá el partido como corresponde: nervioso, insoportable y convencido de que ayudaste.
Si funciona, fue el muñeco.
Si no funciona, nunca hablamos de esto.